El amor que perdona

19Ago11

 

Hoy los Rosberg me hicieron varias preguntas, estas fueron las que me impactaron. ¿De qué manera te ofendió tu cónyuge? ¿En qué sentido tú y tu cónyuge no han estado a la altura de las expectativas del otro?

Nadie nos ha dicho que el matrimonio es lo más fácil, o que no van a haber malos entendidos, o que no vamos  a pelear. Pero lo más crítico de todo es que tampoco nos enseñan a que toda herida u ofensa que provenga de cualquiera de los dos DEBE RESOLVERSE.  Si este paso no se lleva a cabo, tu corazón se endurece. ¿Has sentido tu corazón endurecido? Se siente horrible verdad.

Todo empieza con la ofensa o herida, puede ser una ofensa importante como una aventura o una ofensa menor como dejar tirada la ropa sucia.  Luego de esta se provoca el dolor, y así como un golpe te crea un moretón, la ofensa acarrea traumas emocionales y eso también duele como un golpe.  Si se resuelve rápido  tendrá pocas consecuencias sino será todo lo contrario. Porque entonces viene el enojo, la pregunta es ¿Puedo enojarme con mi cónyuge? La respuesta es: si puedo,  el problema del enojo es que nos lleva a decir cosas feas y herir a nuestro cónyuge. El enojo nos lleva a descargarnos sobre otros, y algunas veces hemos estado enojados por tanto tiempo que olvidamos la causa del mismo, ¿acaso esa es una buena manera de vivir? No lo creo. Es por eso que Efesios 4:26 nos dice: “Airaos, pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. Puedes enojarte pero si puedes controlarte, sino puedes controlarte mejor limítate tu mismo a no enojarte y decir cosas de las cuales siempre nos arrepentimos. Esto es algo que cuesta, no es fácil, se trata día a día, pero se trata más rápido en oración, allí Dios me hace menguar, me pone en mi lugar y me da el entendimiento para no abrirle la puerta a mi carne y simplemente enojarme. Cada vez compruebo más que enojarme satisface mi carne, y decir cosas feas también. Pero el limitarme a mi misma y no permitirme enojarme satisface mi espíritu, puedo respirar tranquila y no sentirme mal por algo que dije o hice, y la recompensa no es solo esa sino mas, porque mi cónyuge al ver mi actitud es más abierto hacía mi. Otra coas importante del versículo es que no dejemos pasar mucho tiempo con la ofensa o herida abierta, resolvámosla lo más pronto, como una prioridad, no dejemos pasar varios días, sería la peor decisión, todo lo que puede pasar por un corazón herido es infinito y hasta nos ponemos históricas, recordando antiguas heridas, total que a los tres días, la ofensa no fue tirar la ropa sucia, sino eso multiplicado por 10. No dejemos que eso pase, el proceso de restaurar le relación será más largo.

Entonces, la conclusión es, o nos enojamos, o mejor perdonamos, y conociéndome querré enojarme o encontrar esa opción como el camino más fácil, pero también será el más amargo y difícil, así que creo que mejor escogeré perdonar. Recordare en qué consiste el amor que perdona y perdonare toda ofensa cuan grave o mínima que sea.

Si quieres saber aun mas acerca del matrimonio como nosotros, te invito ESTE DOMINGO a Salón Los Lagos, del Westin Camino Real, a las 10:30 a.m. abierto a todo el público. Aprenderemos a como ser esposas para nuestros esposos pero lo más importante es que ellos aprenderán a como amarnos. Ya quiero que sea domingo!

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